viernes, 25 de febrero de 2011

El lugar histórico de Néstor Kirchner

Por Alberto J. Lapolla * 27-02-2011

Un hombre fiel a su época

Transcurridos cuatro meses ya del fallecimiento del ex Presidente Néstor Kirchner, queremos reflexionar sobre su impronta en la historia política argentina reciente, más allá de lo estrictamente circunstancial. Será Kirchner quien continuará la construcción institucional democrática abandonada por Raúl Alfonsín en el aciago fin de semana santo de 1987 con sus famosas ‘Felices Pascuas’, que antecedieron a la Obediencia Debida, el Punto Final y al indulto menemista, que cancelaron la en general, correcta construcción democrática desarrollada hasta allí por el líder radical. De tal forma la impronta kirchnerista se centrará en liquidar democráticamente la impunidad y la atrocidad de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado mandando a la cárcel a los asesinos, violadores, torturadores y ladrones de niños. A partir de allí Kirchner -y luego Cristina Fernández-, obligatoriamente llevará la construcción democrática nacional al lugar abandonado por Alfonsín y renegado por Carlos Saúl y el gobierno de la Alianza. A partir de esa recuperación ética-institucional imprescindible, Kirchner avanzará en la recuperación del Estado-nación argentino destruido por el menemato. Kirchner, un hijo de los setenta que supo guardar silencio durante la dictadura y acumular poder en medios hostiles, al mejor estilo de Juan Perón –un mapuche que llega a general dentro del ejército de Roca-, comenzará una marcha sin renuncios en la reconstrucción de una Patria justa libre y soberana en los tiempos de la tercera etapa de la globalización imperial y en una nueva época histórica indoamericana. Claro que Kirchner no llega allí por casualidad, sino porque el pueblo argentino, retomando sus mejores tradiciones e historia concreta -en el decir gramsciano- había asestado –al costo de 35 muertos y más de 100 heridos de bala- un golpe mortal al modelo neoliberal, en lo económico y en lo político, con su gloriosa rebelión del 19 y 20 de diciembre de 2001. Rebelión que aplastó la construcción económica y política del menemato y la dictadura. Es un indudable mérito histórico de Kirchner el haber entendido que sólo se podía gobernar acompañando el huracán político y social que sacudía al país y no enfrentándolo o negándolo, como pretendió Duhalde o pretendían el conjunto de los políticos pejotistas, radicales y frepasistas alcanzados por el ‘que se vayan todos’ proclamado por el pueblo en la calle. Es así que Kirchner iniciará su presidencia en medio del mayor temblor político que sacudiera la nación, tal vez desde la gesta emancipatoria. El pueblo puro había alcanzado tal grado de movilización y organización política a través de un gigantesco Movimiento Piquetero (expresión genuina de la clase trabajadora desempleada) que recorría todo el país, de las Asambleas Populares (expresión política de los sectores medios urbanos en el mejor estilo de las jornadas de Mayo de 1810) y el movimiento de Empresas Recuperadas que expresaba con nitidez el grado subyacente de conciencia y organización remanente de nuestra clase trabajadora, luego de ser devastada por Martínez de Hoz, Videla, Cavallo y Carlos Saúl. El grado de movilización del pueblo argentino era de tal magnitud que el súper-halcón Donald Rumsfeld, ministro de Defensa de G. W. Bush, supo decir: ‘el problema de la Argentina no es la crisis financiera. El problema argentino es toda esa gente en la calle.’ Esa movilización imponía sólo dos caminos posibles: aplastar militarmente la rebelión como proponían Ruckauf, De la Rúa, Duhalde, Cavallo y Carlos Saúl o, acompañarla para construir una segunda etapa del sistema democrático argentino interrumpido por las ‘Felices Pascuas’ y la traición menemista. Kirchner, tuvo el coraje, la sabiduría y la fidelidad a sus ideales juveniles, como para entender que en realidad el único camino posible era éste último y se puso manos a la obra, comenzando a desmontar pieza por pieza el modelo neoliberal.

Reconstruir el Estado-nación

De allí que el proyecto de Néstor Kirchner se caracterizará por una recuperación gradual y paulatina, pero inflexible, de los derechos del pueblo y los intereses soberanos de la nación, sin apelar jamás a la represión del movimiento popular, cuestión en la que se diferencia de casi todos sus antecesores. La segunda cuestión que Kirchner debía resolver, residía en devolver la primacía de la política por sobre la economía. Y esta cuestión no es moco de pavo para la democracia de un país semicolonial. El pueblo elige al Presidente no a los ministros. Sin embargo a lo largo de nuestra historia y en particular luego de 1955, el verdadero poder residía en los ministros de Economía y no en los presidentes con los ejemplos más lamentables de Carlos Saúl y De la Rua. Kirchner logra en un período breve conducir él la economía y abordar los principales problemas económicos heredados del neoliberalismo. Kirchner logrará mantener y estabilizar la moneda en un tipo de cambio altamente favorable para recuperar el modelo productivo (sólo como ejemplo, una hectárea en Pergamino, pasaría de valer 2500 U$S, en 2001 a 25.000 U$S en 2008), permitiendo la salvación de los productores agropecuarios (los Bancos Nación y Provincia tenían 35 millones de hectáreas hipotecadas), la recuperación de amplias capas empresariales quasi desaparecidas, la reindustrialización de gran cantidad de empresas nacionales (entre 1976 y 2001 se cerraron 220.000 industrias, entre 2003 y 2009 se reabrieron 130.000) permitiendo a su vez la recreación del mercado interno. Este conjunto de políticas productivistas permitirán que la nación crezca al 8-9 % anual entre 2003 y 2010, con excepción de 2009 por la crisis mundial. Estas cifras implican el período de mayor crecimiento en la historia económica del país. Luego en oposición al ministro Lavagna, Kirchner logrará el mayor quite de deuda externa de la historia financiera internacional, logrando reducirla en un 65%. Esto unido a una política de permanente desendeudamiento permitió que la deuda externa pasara de representar el 80% del PBI en 2003 al 30% en la actualidad, un logro meritorio de amor a la Patria. En contrario a las políticas aplicadas desde 1976 en adelante, Kirchner hará las mayores inversiones en obra pública que se recuerden desde 1945, recuperando empleo, infraestructura, vivienda, escuelas y obra estratégica. Aplicará una correcta política de retenciones a las materias primas recuperando parte del financiamiento del Estado destruido por el neoliberalismo, y evitando que los precios internacionales de las materias primas afecten el consumo interno de los argentinos. De hecho será el primer gobierno desde 1973 que aplicará una política especial de protección y ampliación del mercado interno y del consumo popular, evitando que el modelo agroexportador sojero disparara los precios internos de los alimentos. Aplicará una correctísima política de crecimiento de reservas y superávit financiero que dotarán a la nación de las mayores reservas de su historia, colocándola en una situación inmejorable para recuperar su soberanía política, lo cual permitió pagarle al FMI y liberarnos de su tutela imperial impuesta en 1955. Esta política será acompañada por un tercer factor que consistirá en un accionar concreto y permanente de recuperación del ingreso de los sectores populares, a pesar de que algunas medidas –como la asignación universal por hijo- se retrasaran varios años. La distribución del ingreso a favor de los sectores populares sufrirá un aumento permanente hasta llevarnos hoy, a poseer la mejor distribución del ingreso de toda Indoamérica. Su política de lograr que más de dos millones de jubilados expulsados del sistema provisional por Cavallo, pudieran incorporarse al mismo, es uno de los mayores logros de reparación social de nuestra historia, medida que sería completado en el gobierno de Cristina Fernández con la reestatización del sistema jubilatorio, tal vez la medida estructural de cambio de modelo más profunda propuesta por el kirchnerismo. Medida que además permitió a los trabajadores volver a pensarse como clase pues los trabajadores de hoy pagan la jubilación a los de ayer y así de seguido, eliminando el concepto individualista y anticlasista de las AFJP. La recuperación casi inmediata del movimiento obrero luego de la reestatización del sitema jubilatorio está directamente vinculado a esta medida, revolucionaria si se la mide en los términos de la devastación neoliberal. De la misma manera los cuatro millones de empleos creados, permitieron comenzar a arrasar la miseria y fueron devolviendo a la clase trabajadora a su lugar central en la sociedad. Es bueno recordar que casi no hubo huelgas, paritarias, ni accionar sindical decisivo entre 1989 y 2001, a partir de 2003-2004 los sindicatos comienzan a recuperar su rol gracias a la generación creciente de empleo. Estas políticas se acompañaron de un accionar que impidió el aumento permanente de las tarifas públicas congelándolas durante un largo ciclo, acabando con el modelo de saqueo al pueblo instaurado por el menemato. Su política de subsidios a los servicios públicos fue central para mantener los niveles de ingresos de la población carenciada y al mismo tiempo para mejorar la infraestructura nacional, aun cuando podría haber cabido la posibilidad de haber avanzado en mayores renacionalizaciones de servicios públicos. Estas y otras medidas estructurales esenciales que no vamos a enumerar por respeto al espacio, permitieron que el Estado-nación se recuperase en un tiempo histórico muy breve y la Argentina posea hoy una solidez estructural envidiada y aplaudida en el mundo entero, en medio de una devastadora crisis estructural internacional.

Un protagonista central del nuevo tiempo histórico continental

Si bien algunas de las medidas que consolidaron este modelo fueron tomadas durante el gobierno de Cristina Fernández, entendemos que se trata del mismo proyecto y que por ende los méritos históricos corresponden a ambos. Una vez consolidada la recuperación del estado-nación correspondía consolidar el sistema democrático abordando ahora la democratización de las bases materiales del mismo, ya no bastaba con acabar con la impunidad sino que había que acabar con la impunidad del poder económico que controlando lo medios de comunicación, puede ejercer un rol de dominio sobre la sociedad en su conjunto. Así a partir del conflicto con los rentistas sojeros por la resolución 125, surgió claramente que para poder avanzar más en la distribución de la renta nacional, hacían falta medios de comunicación de la democracia y se llegó a la Ley de Medios de la democracia, una de las mayores revoluciones culturales de nuestra historia. Ley que permitirá una construcción plural democrática y colectiva de un nuevo poder popular, que necesariamente debe acompañar este proceso de cambio estructural argentino y continental. La ley de Matrimonio Igualitario, la democratización del acceso al fútbol –una de las mayores construcciones colectivas del pueblo argentino- y la televisión digital gratuita completan por ahora, esta profunda transformación democrática de la sociedad nacional.

Por último, pero primero en orden estratégico, Kirchner fue decisivo en profundizar este nuevo tiempo histórico continental inaugurado por la gran Revolución Bolivariana Venezolana. Fue Néstor Kirchner quien tuvo el coraje -a nombre de toda Sur América- de decirle no al ALCA en Mar del Plata, dejando a George W. Bush pedaleando en el aire. Fue él quien promovió la fuerte alianza con Venezuela y Brasil, dando impulso y sustento profundo a la unidad continental. Argentina, Brasil y Venezuela pueden, por su poderío económico, estratégico, territorial e histórico, liderar -eludiendo deseos hegemónicos- la transformación y unidad del continente en forma concreta. El hecho simbólico de que de Argentina y Venezuela hayan partido los ejércitos libertadores de la gran Revolución Emancipatoria tampoco puede dejarse de lado, sobre todo en tiempos del Bicentenario. Kirchner entendió cabalmente, la aguda y amarga sentencia de Perón, ya en su exilio, en el sentido de que sin la unidad continental la liberación de Indoamérica era imposible. Cabe destacarse su rol de apoyo personal y político a Evo Morales, ayudándolo a desenredarse de los viejos apotegmas de la izquierda dogmática para poder construir un nuevo poder popular y de gobierno concreto en los tiempos que corren, accionar que fuera reconocido por Evo al señalar para mi, Kirchner es como un padre. Kirchner –y también Cristina Fernández- fueron decisivos en impedir la guerra entre Ecuador y Colombia, la agresión separatista boliviana y la brutal provocación de Álvaro Uribe contra Venezuela. De tal forma su rol fue fundamental en la construcción de este nuevo tiempo americano, donde él, Lula, Chávez, Evo y Correa han abierto las exclusas de un hermoso futuro para el continente.

Así Néstor Kirchner entra en la historia como el hombre que supo estar a la altura de la demanda histórica que le tocó vivir, que recuperó el Estado-nación argentino devastado, depuró el sistema democrático y jugó un rol decisivo en la construcción del nuevo tiempo americano. Pero esencialmente -y por ello la masividad, emotividad y la avasallante presencia juvenil de sus exequias- Néstor Kirchner fue quien devolvió al pueblo argentino las ganas de creer en el futuro, de seguir sintiéndose orgullosos de ser argentinos y argentinas, devolviendo a la política su rol principal: ser la herramienta transformadora de la sociedad. En un sentido profundo Kichner, nos devolvió la esperanza lo cual ya sería suficiente para ocupar un lugar destacado en la historia, pero además abrió el camino de la Tercera Etapa del Movimiento Nacional Popular y Revolucionario del pueblo argentino en tanto indoamericano. Pero, a pesar de todo esto, como nos duele su temprana muerte.

* Director del Instituto de Formación de la Central de Movimientos Populares





"Se me caen las lágrimas no sólo porque la amo sino porque la admiro. (...) Me siento orgulloso de la compañera que tengo" (Nestor Kirchner 1950 - 2010)

jueves, 24 de febrero de 2011

pure luv




"Solo los tontos podían escapar de la simple verdad de que ahora no es solo ahora, es un frío recordatorio de que ha pasado un día desde ayer, un año desde el año pasado, y de que tarde o temprano llegará" (A Single Man)

"El problema con los sentimientos es que tienden a reaparecer cuando menos los esperas". (Alfie)

martes, 22 de febrero de 2011

delicatessen

Con nuevo hobbie... la fotografía.




"Antiguo oficio humano, este de querer atrapar la luz" Gioconda Belli

domingo, 20 de febrero de 2011

EL JUICIO II

EMILIO FRENTE A LOS ASESINOS por Marta Valoy

Esta sólo, en un espacio irremediable. . . frente él el tribunal y los genocidas. Está con su orfandad a cuestas y una foto gris de una joven morena que sostiene a bebé en su regazo: su madre y él. Es la parte que le queda de su historia. Es difícil saber la conmoción interior que lo atraviesa. En sus ojos no vive el rencor, hay dolor y deseos de justicia. La patota asesina finge no verlo, desearían que hubiera engrosado la lista de desaparecidos. Pero está ahí y es el testimonio vivo de los brutales crímenes de la dictadura. Le toca el turno de la palabra. Tratará de nombrar lo que es particularmente difícil: Crecer sin sus padres, esperar el milagro de su regreso; pequeñas muertes , el recuerdo de sus abuelos, tratar de entender lo inentendible y tenebroso de las desapariciones. Habla sereno y pausado. Lxs jóvenes de H.I.J.O.S les alcanzan solidaridad desde su presencia y su apoyo insobornable detrás del blindex. Ha ido juntando los pedazos de historia y los hilvana en su relato. La memoria derrota el mandato del olvido. Reivindica la lucha de sus padres y su legado de compromiso y pasión por la justicia. .La defensa dispara una pregunta infame como único argumento expiatorio para sus defendidos. Su sincera respuesta inutiliza el bárbaro recurso de los que defienden a los indefendibles. Parado en la cumbre de su dignidad mira por última vez a los criminales y les exige el cuerpo de sus padres para que una lápida de cuenta de que existieron, para que sea un espacio donde deposite el dolor y llore sus muertes. Lo que merece todo ser humano. Por un momento, todos los hijos sin padres hablan por su boca. Del otro lado, la cobarde e impiadosa complicidad del silencio Se lidiaba otra batalla contra la impunidad .Su presencia valiente y su testimonio nos devuelve la certeza de que otra historia con más verdad y justicia es posible. A pesar de todo, está el lacerante dolor de lo irreparable.

Marta Valoy es titular de la Cátedra Libre de DDHH de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT.

sábado, 29 de enero de 2011

El beso

Egipto es el segundo aliado mundial de EEUU con un aporte de 1.500 millones de dólares anuales. Eso explica un gobierno de 30 años de dictadura. Si esto cambiara, significaría la pérdida del principal aliado árabe para EEUU, el descontrol Canal de Suez, un agujero en el bloqueo a Gaza (Palestina). Por esto y más, EEUU sostiene a Mubarak. Bastión de EE.UU. y aliado de Israel, si cae Mubarak cambia todo el tablero regional.
El 25 de enero el pueblo egipcio cansado salió a tomar las calles (video) y fue brutalmente reprimido.
Los sucesos en Egipto tuvieron ribetes únicos, por una lado el gobierno de Mubarak bloqueo el servició de acceso a internet y la telefonía movil, reconociendo el gran poder de las redes sociales para organizar movidas politicas. Ya un cable de WikiLeaks señalaba el poder de influencia de los bloggers en Egipto. Egipto, es el primer y único país que corta Internet totalmente. (es curioso que en las redes sociales circulara el término"apagó internet").
Además la cadena de noticias Al Jazeera liberó la cobertura en Egipto con licencias Creative Commons [ENG].
Pese al intento de bloqueo por parte del gobierno dictatorial (En CNN mostraron como los twitterxs de Egipto buscaban formas "no oficiales" de conectarse a Internet.), las imágenes y la información fluyeron y lograron su cometido, sensibilizar a la opinión pública internacional. Entre esos elementos que lograron viralizarse, accedí via twitter a una imágen que muestra que esta revolución (a diferencias de otras que hubo en Medio Oriente) tiene muy sensibilizado el uso del lenguaje más alla de las palabras.


"si vos sos neutral ante situaciones de injusticia, estas eligiendo el lado del opresor" Desmond Tutu

"Un gobierno que se asusta de #facebook y de #twitter, debería gobernar un pueblito de Farmville, pero no un país como #Egipto" /vía @Ghonim

jueves, 27 de enero de 2011

5 de mayo de 1976: La última y mala noticia sobre Haroldo Conti

Gabriel García Márquez


A Haroldo Conti, que era un escritor argentino de los grandes, le advirtieron en octubre de 1975 que las fuerzas armadas lo tenían en una lista de agentes subversivos. La advertencia se repitió por distintos conductos en las semanas siguientes y, a principios de 1976, era ya de dominio público en Buenos Aires. Por esos días, me escribió una carta a Bogotá, en la cual era evidente su estado de tensión. "Martha y yo vivimos prácticamente como bandoleros", decía, "ocultando nuestros movimientos, nuestros domicilios, hablando en clave". Y terminaba: "Abajo va mi dirección, por si sigo vivo". Esa dirección era la de su casa alquilada en el número 1205 de la calle Fitz Roy, en Villa Crespo, donde siguió viviendo sin precauciones de ninguna clase hasta que un comando de seis hombres armados la asaltó a medianoche, nueve meses después de la primera advertencia, y se lo llevaron vendado y amarrado de pies y manos, y lo hicieron desaparecer para siempre. Haroldo Conti tenía entonces 51 años, había publicado siete libros excelentes y no se avergonzaba de su gran amor a la vida. Su casa urbana tenía un ambiente rural: criaba gatos, criaba palomas, criaba perros, criaba niños y cultivaba en canteros legumbres y flores. Como tantos escritores de nuestra generación, era un lector constante de Hemingway, de quien aprendió además la disciplina de cajero de banco. Su pensamiento político era claro y público, lo expresaba de viva voz y lo exponía en la prensa, y su identificación con la revolución cubana no era un misterio para nadie.

Desde que recibió las primeras advertencias tenía una invitación para viajar a Ecuador, pero prefirió quedarse en su casa. "Uno elige", me decía en su carta. El pretexto principal para no irse era que Martha estaba encinta de siete meses y no sería aceptada en avión. Pero la verdad es que no quiso irse. "Me quedaré hasta que pueda, y después Dios verá", me decía en su carta, "porque, aparte de escribir, y no muy bien que digamos, no sé hacer otra cosa". En febrero de 1976, Martha dio a luz un varón, a quien pusieron el nombre de Ernesto. Ya para entonces, Haroldo Conti había colgado un letrero frente a su escritorio: "Este es mi lugar de combate, y de aquí no me voy". Pero sus secuestradores no supieron lo que decía ese letrero, porque estaba escrito en latín.

El 4 de mayo de 1976, Haroldo Conti escribió toda la mañana en el estudio y terminó un cuento que había empezado el día anterior: A la diestra. Luego se puso saco y corbata para dictar una clase de rutina en una escuela secundarla del sector, y antes de las seis de la tarde volvió a casa y se cambió de ropa. Al anochecer ayudó a Martha a poner cortinas nuevas en el estudio, jugó con su hijo de tres meses y le echó una mano en las tareas escolares a una hija del matrimonio anterior de Martha, que vivía con ellos: Myriam, de siete años. A las nueve de la noche, después de comerse un pedazo de carne asada, se fueron a ver El Padrino II. Era la primera vez que iban al cine en seis meses. Los dos niños se quedaron al cuidado de un amigo que había llegado esa tarde de Córdoba y lo invitaron a dormir en el sofá del estudio.

Cuando volvieron, a las 12.05 horas de la noche, quien les abrió la puerta de su propia casa fue un civil armado con una ametralladora de guerra. Dentro había otros cinco hombres, con armas semejantes, que los derribaron a culatazos y los aturdieron a patadas.

El amigo estaba inconsciente en el suelo, vendado y amarrado, y con la cara desfigurada a golpes. En su dormitorio, los niños no se dieron cuenta de nada porque habían sido adormecidos con cloroformo.

Haroldo y Martha fueron conducidos a dos habitaciones distintas, mientras el comando saqueaba la casa hasta no dejar ningún objeto de valor. Luego los sometieron a un interrogatorio bárbaro. Martha, que tiene un recuerdo minucioso de aquella noche espantosa, escuchó las preguntas que le hacían a su marido en la habitación contigua. Todas se referían a dos viajes que Haroldo Conti había hecho a La Habana. En realidad. había ido dos veces -en 1971 y en 1974-, y en ambas ocasiones como jurado del concurso de La Casa de las Américas. Los interrogadores trataban de establecer por esos dos viajes que Haroldo Conti era un agente cubano.

A las cuatro de la madrugada, uno de los asaltantes tuvo un gesto humano, y llevó a Martha a la habitación donde estaba Haroldo para que se despidiera de él. Estaba deshecha a golpes, con varios dientes partidos, y el hombre tuvo que llevarla del brazo porque tenía los ojos vendados. Otro que los vio pasar por la sala, se burló: "¿Vas a bailar con la señora?". Haroldo se despidió de Martha con un beso. Ella se dio cuenta entonces de que él no estaba vendado, y esa comprobación la aterrorizó, pues sabía que sólo a los que Iban a morir les permitían ver la cara de sus torturadores. Fue la última vez que estuvieron juntos. Seis meses después del secuestro, habiendo pasado de un escondite a otro con su hijo menor, Martha se asiló en la Embajada de Cuba. Allí estuvo año y medio esperando el salvoconducto, hasta que el general Omar Torrijos intercedió ante el almirante Emilio Massera, que entonces era miembro de la Junta de Gobierno Argentina, y éste le facilitó la salida del país.

Quince días después del secuestro, cuatro escritores argentinos -y entre ellos los dos más grandes- aceptaron una invitación para almorzar en la casa presidencial con el general Jorge Videla. Eran Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Alberto Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, v el sacerdote Leonardo Castellani. Todos habían recibido por distintos conductos la solicitud de plantearle a Videla el drama de Haroldo Conti. Alberto Ratti lo hizo, y entregó además una lista de otros once escritores presos. El padre Castellani, entonces tenía casi ochenta años y había sido maestro de Haroldo Conti, pidió a Videla que le permitiera verlo en la cárcel. Aunque la noticia no se publicó nunca, se supo que, en efecto, el padre Castellani lo vio el 8 de julio de 1976 en la cárcel de Villa Devoto, y que lo encontró en tal estado de postración que no le fue posible conversar con él.

Otros presos, liberados más tarde, estuvieron con Haroldo Conti. Uno de ellos rindió un testimonio escrito, según el cual fue su compañero de presidio en el campo de concentración de la Brigada Goemez, situada en la autopista Richieri, a doce kilómetros de Buenos Aires por el camino de Ezeiza. "En mayo de 1976", dice el testimonio, "Haroldo Conti se encontraba en una celda de dos metros por uno, con piso de cemento y puerta metálica. Llegó el día 20. Dijo haber estado en un lugar del Ejército, donde lo pasó muy mal. Dijo que se había quedado encerrado en un baño, donde se desmayó. Apenas sí podía hablar y no podía comer. El día 21 pudo comer algo. Se ve que andaba muy mal porque le dieron una manta y lo iban a ver con frecuencia. En la madrugada del día 22 lo sacaron de la celda. Parece que lo iban a revisar o algo así. Estaba muy mal y no retenía orines". El testigo no lo volvió a ver en la prisión. No ha habido gestión, ni derecha ni torcida, que la esposa y los amigos de Haroldo Conti no hayamos hecho en el mundo entero para esclarecer su suerte.

Hace unos dos años sostuve una entrevista en México con el almirante Emilio Massera, que ya entonces estaba retirado de las armas y del Gobierno, pero que mantenía buenos contactos con el poder. Me prometió averiguar todo lo que pudiera sobre Haroldo Conti, pero nunca me dio una respuesta definitiva. En junio de 1980, la reina Sofía de España viajó a Argentina al frente de una delegación cultural que asistió al aniversario de Buenos Aires. Un grupo de exiliados le pidió a algunos miembros de la comitiva que intercedieran ante el Gobierno argentino para la liberación de varios presos políticos prominentes. Yo, en nombre de la Fundación Habeas, y como amigo personal de Haroldo Conti, les pedí una gestión muy modesta: establecer de una vez y para siempre cuál era su situación real. La gestión se hizo, pero el Gobierno argentino no dio ninguna respuesta. Sin embargo, en octubre pasado, cuando ya estaba decidido su retiro de la presidencia, el general Jorge Videla concedió una entrevista a una delegación de alto nivel de la agencia Efe, y respondió algunas preguntas sobre los presos políticos. Por primera vez habló entonces de Haroldo Conti. No hizo ninguna precisión de fecha, ni de lugar ni de ninguna otra circunstancia, pero reveló sin ninguna duda que estaba muerto. Fue la primera noticia oficial, y hasta ahora la única. No obstante, el general Videla les pidió a los periodistas españoles que no la publicaran de inmediato, y ellos cumplieron. Yo considero, ahora que el general Videla no está en el poder, y sin haberlo consultado con nadie, que el mundo tiene derecho a conocer esa noticia.

1981. Gabriel García Márquez




"Porque en el fondo, uno ama al mundo a partir de la certeza que este mundo, triste mundo convertido en campo de concentración, contiene otro mundo posible. O sea, que el horror está embarazado de maravilla". Eduardo Galeano

martes, 11 de enero de 2011

Una distopía feliz

Fuente: http://www.truthdig.com/report/item/2011_a_brave_new_dystopia_20101227/

autor: Chris Hedges
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Las dos grandes visiones sobre distopías futuras han sido “1984”, de George Orwell, y “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley. El debate existente entre quienes observaban nuestro deslizamiento hacia el totalitarismo de las corporaciones giraba en torno a quién de los dos escritores tenía razón. ¿Viviríamos dominados, como escribió Orwell, por una vigilancia represiva y un estado de seguridad que utilizaría formas de control brutales y violentas? ¿O, como Huxley imaginó, nos sentiríamos fascinados por el entretenimiento y el espectáculo, cautivos de la tecnología y seducidos por un derroche consumista que envolvería nuestra propia opresión? Pues ha resultado que ambos, Orwell y Huxley, tenían razón. Huxley fue capaz de imaginar la primera fase de nuestra esclavitud. Orwell la segunda.
Como Huxley predijo, el estado de las corporaciones nos ha ido despojando gradualmente, seduciéndonos y manipulándonos con gratificaciones sensuales, artículos baratos producidos en masa, crédito sin límites, teatro político y diversión. Mientras nos iban entreteniendo y envolviendo, fueron desmantelando todo el conjunto de regulaciones que en otro tiempo mantuvieron a raya al depredador estado corporativo, volviendo a reescribir las leyes que nos protegían hasta abocarnos a la pobreza. En estos momentos, el crédito se ha secado ya, los puestos de trabajo medianamente decentes para la clase trabajadora han desaparecido para siempre y los artículos producidos en masa resultan ahora inasequibles, por todo lo cual nos vemos transportados desde “Un mundo feliz” a “1984”. El estado, asfixiado por déficits masivos, guerras sin fin y fechorías corporativas, se desliza hacia la bancarrota. Ha llegado la hora de que el Gran Hermano se apodere del sensorama, de la orgia-porfía y de la bomba centrífuga de Huxley. Estamos pasando de una sociedad donde se nos manipula hábilmente con mentiras e ilusiones a otra donde estamos clara y totalmente controlados.
Orwell alertó sobre un mundo donde los libros estarían prohibidos. Huxley advirtió de un mundo donde nadie querría ya leer libros. Orwell alertó sobre un estado de guerra y miedo permanentes. Huxley advirtió de una cultura habitada por un placer vacío de sentido. Orwell avisó acerca de un estado donde todas las conversaciones y pensamientos estaban vigilados y la disidencia brutalmente reprimida. Huxley alertó sobre un estado donde su población sólo se preocupaba por las trivialidades y el cotilleo, sin que le importaran ya ni la verdad ni la información fidedigna. Orwell nos veía asustados y sometidos. Huxley nos veía seducidos y sometidos. Pero estamos descubriendo que Huxley no era más que el preludio de Orwell. Huxley entendía que en ese proceso éramos nosotros los cómplices de nuestra propia esclavitud. Orwell lo interpretaba como esclavitud. Ahora que el Estado corporativo ha dado ya el golpe maestro, nos encontramos desnudos e indefensos. Y estamos empezando a entender, como Karl Marx supo, que el capitalismo sin restricciones y sin reglamentar es una fuerza brutal y revolucionaria que explota a los seres humanos y el medio ambiente hasta agotarlos o destruirlos.
“El Partido busca el poder completamente en su propio beneficio”, escribió Orwell en “1984”. “No estamos interesados por el bien de los otros; únicamente nos interesa el poder. Ni la riqueza ni el lujo ni una vida larga ni la felicidad: sólo el poder, el poder puro. Lo que implica el poder puro lo comprenderán ahora. Nos diferenciamos de las oligarquías del pasado en que sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se nos parecieron, eran cobardes e hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se nos parecían mucho en sus métodos, pero nunca tuvieron valor para reconocer sus propios motivos. Pretendieron, quizá hasta se lo creyeron, que habían tomado el poder de mala gana, por tiempo limitado y que justo a la vuelta de la esquina había un paraíso donde los seres humanos eran libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie toma nunca el poder con intención de renunciar al mismo. El poder no es un medio, es un fin. Uno no establece una dictadura para salvaguardar una revolución; uno hace una revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución es la persecución. El objeto de la tortura es la tortura. El objeto del poder es el poder”.
El filosofo político Sheldon Wolin utiliza el término “totalitarismo invertido” en su libro “Democracia incorporada” para describir nuestro sistema político. Es un término que daría sentido a Huxley. En el totalitarismo invertido, las sofisticadas tecnologías del control corporativo, la intimidación y manipulación de masas, que superan de lejos las utilizadas por los anteriores estados totalitarios, se enmascaran eficazmente con el oropel, el ruido y la abundancia de una sociedad de consumo. Se va renunciando gradualmente a la participación política y a las libertades civiles. El estado corporativo, escondido tras la pantalla de humo de la industria de las relaciones publicas, del entretenimiento y el materialismo chabacano de una sociedad de consumo, nos devora de dentro a afuera. No le debe lealtad a nadie, ni a nosotros ni a la nación. Se da un festín con nuestros cadáveres.
El estado corporativo no encuentra su expresión en un líder demagogo o carismático. Se define por el anonimato y la ausencia de rostro de la corporación. Las corporaciones, que suelen alquilar a portavoces atractivos como Barack Obama, controlan los usos de la ciencia, la tecnología, la educación y la comunicación de masas. Controlan los mensajes en el cine y en la televisión. Y, al igual que en “Un mundo feliz”, utilizan estas herramientas de comunicación para reforzar la tiranía. Nuestro sistema de comunicación de masas, como Wolin escribe, “obstaculiza, elimina cualquier elemento que pudiera introducir cualificación, ambigüedad o dialogo, cualquier cosa que pudiera debilitar o complicar la fuerza total de su creación, hasta su total impresión”.
El resultado es un sistema monocromático de la información. Cortesanos de famosos, haciéndose pasar por periodistas, expertos y especialistas, identifican nuestros problemas y explican pacientemente los parámetros. Se descarta como seres raros irrelevantes, extremistas y miembros de la izquierda radical a todos aquellos que se posicionan fuera de los parámetros impuestos. Se prohíbe a críticos sociales clarividentes, desde Ralph Nader a Noam Chomsky. Las opiniones aceptables van de la A a la B. La cultura, bajo tutela de esos cortesanos corporativos, se convierte, como Huxley señaló, en un mundo de conformidad alegre, así como en un inacabable y finalmente fatal optimismo. Nos compramos a nosotros mismos comprando productos que prometen cambiar nuestras vidas, haciéndonos más guapos, más seguros o exitosos mientras velozmente nos despojan de nuestros derechos, dinero e influencia. Todos los mensajes que recibimos a través de estos sistemas de comunicación, ya sea en las noticias de la noche o en los programas de entrevistas como “Oprah”, prometen un mañana más brillante y más feliz. Y esta es, como Wolin señala, “la misma ideología que invita a los ejecutivos de las corporaciones a exagerar beneficios y ocultar pérdidas, pero siempre con rostro risueño”. Estamos embelesados, como Wolin escribe, por “los continuos avances tecnológicos” que “fomentan elaboradas fantasías de destrezas individuales, juventud eterna, belleza gracias a la cirugía, acciones que se miden en nanosegundos: una cultura repleta de sueños de control y posibilidades en constante expansión, cuyos habitantes son propensos a fantasear porque la inmensa mayoría tiene imaginación pero pocos conocimientos científicos”.
Han desmantelado nuestra base industrial. Los especuladores y estafadores han saqueado el Tesoro estadounidense y han robado miles de millones a los pequeños accionistas que habían reservado ese dinero para la jubilación o para ir a la universidad. Se han eliminado las libertades civiles, incluido el habeas corpus y la protección contra las escuchas telefónicas sin orden judicial. Los servicios básicos se han entregado a las corporaciones, incluidas la educación pública y la atención sanitaria, que los explotan buscando únicamente el beneficio. El establishment corporativo ridiculiza a los pocos que se atreven a alzar su voz disidente, que se niegan a participar en la feliz charla corporativa, etiquetándoles de bichos raros, de frikis.
Las actitudes y el temperamento han sido astutamente manipulados por el estado corporativo, al igual que los maleables personajes de Huxley en “Un mundo feliz”. El protagonista del libro, Bernard Marx, vuelca su frustración en su novia Lenina:
“¿No te gustaría ser libre, Lenina”, pregunta.
“No comprendo qué quieres decir. Soy libre, libre para tener el tiempo más maravilloso. Todo el mundo es feliz hoy en día.”
Él se rió: “Sí, ‘todo el mundo es feliz hoy en día’. Pero, ¿no te gustaría ser libre para ser feliz de otra manera, Lenina? A tu manera, por ejemplo; no del mismo modo que todos los demás”.
“No sé lo que quieres decir”, repitió ella.
La fachada se derrumba. Y cada vez hay más gente que se da cuenta de que se les ha utilizado y se les ha robado, que poco a poco estamos yendo de “Un mundo feliz” de Huxley a “1984” de Orwell. “En algún momento, la gente tendrá que enfrentar verdades muy desagradables. Los puestos de trabajo bien pagados no van a volver. Los mayores déficits de la historia humana significan que estamos atrapados en un sistema de servidumbre que el estado de las corporaciones utilizará para erradicar los últimos vestigios que quedan de protección social a los ciudadanos, incluida la Seguridad Social. El estado ha sufrido una regresión de la democracia capitalista al neofeudalismo. Y cuando todas estas verdades aparezcan claramente, la rabia sustituirá a la alegre conformidad impuesta por las corporaciones. La debilidad de nuestros bolsillos post-industriales, donde alrededor de 40 millones de estadounidenses viven en un estado de pobreza y decenas de millones en una categoría denominada de “casi pobreza”, junto con la carencia de crédito que pudiera salvar a las familias de las ejecuciones hipotecarias, de las apropiaciones de los bancos y de la bancarrota a causa de las facturas médicas, pone en evidencia que el totalitarismo invertido no va ya a funcionar.
Cada vez vivimos más en la Oceanía de Orwell, no en El Estado Mundial de Huxley. Osama bin Laden juega el papel asumido por Emmanuel Goldstein en “1984”. Goldstein, en la novela, es el rostro público del terror. Sus diabólicas maquinaciones y actos clandestinos de violencia dominan las noticias de la noche. La imagen de Goldstein aparece cada día en las pantallas de televisión de Oceanía como parte del ritual diario de “Dos Minutos de Odio” de la nación. Y sin la intervención del estado, Goldstein, al igual que bin Laden, acabará con vosotros. En la lucha titánica contra la personificación del mal, se justifican todos los excesos.
La tortura psicológica aplicada al soldado raso Bradley Manning –que lleva ya siete meses preso sin haber sido acusado de delito alguno- refleja el destrozo del disidente Winston Smith al final de “1984”. A Manning se le mantiene como “detenido sometido a máxima vigilancia” en el calabozo de la Base del Cuerpo de Marina Quantico, en Virginia. Pasa solo 23 de las 24 horas del día. Se le niega la posibilidad de hacer ejercicio. No puede tener almohada ni sábanas en la cama. Los doctores del ejército le han estado atiborrando de antidepresivos. Las más crudas formas de tortura de la Gestapo se han sustituido por refinadas técnicas orwellianas, en gran medida desarrolladas por psicólogos que trabajan para el gobierno para convertir en vegetales a disidentes como Manning. Destrozamos las almas y los cuerpos. Es más eficaz así. Ahora nos pueden llevar a todos a la temible Habitación 101 de Orwell para que nos conviertan en seres dóciles e inofensivos. Esas “especiales medidas administrativas” se imponen habitualmente a nuestros disidentes, incluido Syed Fahad Hashmi, quien pasó tres años encarcelado en condiciones parecidas antes de ser llamado a juicio. Esas técnicas han destrozado psíquicamente a miles de detenidos en nuestros agujeros negros por todo el globo. Constituyen la principal forma de control en nuestras prisiones de máxima seguridad, donde el estado corporativo hace la guerra sirviéndose astutamente de nuestra inferior: los afroamericanos. Todo presagia el cambio de Huxley a Orwell.
“Nunca podrás tener de nuevo sentimientos humanos normales”, dice el torturador de Winston Smith en “1984”. “Todo estará muerto dentro de ti. Ya no podrás ser capaz nunca de sentir amor o amistad o alegría de vivir o risa o curiosidad o valentía o integridad. Te quedarás vacío, hueco. Vamos a exprimirte hasta vaciarte y después te llenaremos de nosotros mismos”.
El nudo se va estrechando. La era del divertimento se sustituye por la era de la represión. Decenas de millones de ciudadanos han tenido que entregar sus registros telefónicos y correos al gobierno. Somos la ciudanía más controlada y espiada en la historia humana. Muchos de nosotros tenemos nuestras rutinas diarias atrapadas en docenas de cámaras de seguridad. Nuestras inclinaciones y hábitos se registran en Internet. Nuestros perfiles se generan electrónicamente. Cachean nuestros cuerpos en los aeropuertos y nos filman con escáneres. Y los anuncios de servicio público, las pegatinas de los coches de inspección y los carteles del transporte público nos instan constantemente a informar de actividades sospechosas. Porque el enemigo está por todas partes.
Se silencia brutalmente a quienes no se ajusten a los dictados de la guerra contra el terror, una guerra que, como Orwell señaló, es inacabable. Las draconianas medidas de seguridad utilizadas para reprimir las protestas en las cumbres del G-20 en Pittsburg y Toronto fueron salvajemente desproporcionadas para el nivel de actividad de la calle. Pero enviaron un claro mensaje: ¡NI SE OS OCURRA INTENTARLO! La persecución por parte del FBI de los activistas a favor de Palestina y en contra de la guerra, que el pasado septiembre vieron cómo los agentes asaltaban sus hogares en Minneapolis y Chicago, es un presagio de lo que está por venir para todos aquellos que se atrevan a desafiar el Neolengua oficial del estado. Los agentes –nuestra Policía del Pensamiento- incautaron teléfonos, ordenadores, documentos y otras pertenencias personales. Se han enviado citaciones judiciales a 26 personas para que comparezcan ante un gran jurado. Las notificaciones citan leyes federales que prohíben “proporcionar apoyo material o recursos destinados a organizaciones extranjeras terroristas”. El Terror, incluso para quienes no tienen nada que ver con el terrorismo, se convierte en el objeto contundente utilizado por el Gran Hermano para protegernos de nosotros mismos.
“¿Empiezan a ver, pues, qué clase de mundo estamos creando?”, escribió Orwell. “Es exactamente todo lo contrario de las estúpidas Utopías hedonistas que los viejos reformistas imaginaron. Un mundo de temor, traición y tormento, un mundo donde se pisotea y se es pisoteado, un mundo cada vez más despiadado en la medida en que se va refinando”.
Chris Hedges ha sido corresponsal en América Central, Oriente Medio, África y los Balcanes a lo largo de dos décadas. En 2002 recibió el Premio Internacional de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional. En 2010 recibió el Premio a la Mejor Columna Online por el ensayo “One Day We’ll All Be Terrorists”. Ha dado clase en las Universidades de Columbia, Nueva York y Princetown. Actualmente da clases a los presos de un correccional de Nueva Jersey. Es también miembro del The Nation Institute.